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Primeros pasos: La intervención prelingüística

El primer aspecto que hemos de trabajar e instaurar en niños de tan corta edad es la reciprocidad interactiva, es decir, la instalación de una relación recíproca entre el niño y el adulto. Lo haremos a través de:

1) Propiciar la atención selectiva a estímulos visuales y auditivos y, especialmente, a estímulos de este tipo y de índole social (la voz, la mirada, la sonrisa, el habla, …).

– Actuando con responsabilidad de modo que el bebé asocie los estimulos sociales a estímulos físicos/sensoriales agradables y así responda más selectivamente a los primeros.
– Estableciendo con él contacto cara a cara o contacto ocular. Proveerle estímulos sociales variados (cambios de entonación y actos vocales, sonrisa, tacto, juegos de caricias y masajes, input verbal, canciones, etc.).
– Utilizando mecanismos de control de su atención (movimientos, gestos, vocalizaciones,…) para establecer contacto ocular con él.
– Iniciar estímulos sociales (gestos, vocalizaciones, manipulaciones) similares o inspirados en el repertorio de actividades del niño.

2) Fortalecer las primeras respuestas o conductas de interacción social del niño (sonrisa social, contacto cara a cara o contacto ocular, vocalizaciones, contacto físico, manipulaciones, aproximaciones).

– Prestando atención a la forma en que el bebé expresa sus estados interiores (placer/displacer) y respondiendo dándole intencionalidad y actuando en consecuencia.
– Respondiendo selectivamente y diferencialmente a las conductas sociales del bebé.
– Enriqueciendo las rutinas de la vida diaria de estimulación social.
– Acomodando nuestras conductas (dando intencionalidad) a las conductas del bebé (ej: el niño levanta los brazos o los agita y vocaliza, y el adulto lo coge).
– Aprovechando los momentos de conexión (atención) para poner en marcha los procedimientos gestuales y vocales que posee el adulto para asegurarse la continuación de ese contacto ocular y el mantenimiento de la atención. La interacción puede incluir sonrisa, vocalización, tacto, gesticulación o manipulación de objetos (primeros juegos adulto-niño).
– Moldeando progresivamente la utilización, por parte del niño, de varias conductas o esquemas sociales de forma integrada (tocar y mirar, sonreír y mirar, contactar con la mirada y vocalizar, etc.).
– Propiciando el juego vocal o la alternancia de vocalizaciones por contraimitación (el adulto introduce vocalizaciones en las pausas de silencio del bebé, provocando un inicio del sistema de turnos que usa el lenguaje humano).
– Dando input verbal pertinente a las acividades del bebé, alabando y desarrollando oralmente las conductas del niño.

3) Facilitar la percepción de contingencias y la anticipación: Ayudar al niño a percibir que sus conductas tienen determinados efectos sobre el medio y a anticipar los acontecimientos que forman parte de las rutinas y juegos familiares de su vida.

– Adecuando nuestra actividad a los estados de activación del bebé, ayudándole además a adaptarse a los ritmos de su entorno.
– Proporcionándole un ambiente estable tanto en lo que se refiere a las personas que lo atienden como a las diferentes rutinas de la vida diaria (horario y contexto de los momentos de alimentación, aseo,…). Conviene establecer rutinas fijas y regulares.
– Empleando claves o señales (auditivas, visuales y táctiles, claras y fácilmente discriminables, que le permitan diferenciar una situación de otra (hora de la comida, del baño, etc.) y posteriormente predecirlas (enseñarle el biberón haciendo ruido con él y dándole un mensaje verbal antes de dárselo; dirigir nuestros brazos hacia él y preguntarle si quiere que lo cojamos, esperando su respuesta física o social, por ejemplo).
– Insertando, en nuestras actividades con el niño, distintas rutinas de juego, y utilizando claves diferenciadoras para cada una de ellas.
– Presentando estímulos repetitivos contingentes a las respuestas del niño (especialmente a las respuestas protogestuales (consideramos “protogesto” a las acciones del bebé a las que podemos atribuir el carácter de gesto intencional, y que son la base de éstos).

4) Potenciar la capacidad de actuar con intención: Ayudar al niño a actuar sobre su entorno físico y social para conseguir los resultados deseados.

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Cómo actuar cuando el lenguaje se está desarrollando

Estrategias que enriquecen la conversación y estimulan el desarrollo correcto del lenguaje

En estas etapas, el lenguaje de los niños, siga su desarrollo normal o esté retrasado, no es completo, y a menudo es difícil entenderles, o ayudarles a que se expresen mejor.
Sin embargo, es fundamental establecer con ellos un diálogo motivador y estimulante, que les ayude a seguir avanzando en su desarrollo.
Para conseguir esto, su entorno puede introducir en su manera de expresarse y de interactuar con él ciertas ayudas fáciles de aplicar si se conocen.

Ajustar nuestra forma de hablar a sus necesidades: De forma no exagerada, les hablaremos con un ritmo algo más lento, una entonación más expresiva, una intensidad de voz un poco más alta, ayudándonos de gestos y mímica claros…

Cuando ya hablan, pero no comprendemos, lo más importante es no hacerle repetir su producción, o al menos hacerlo en muy escasas ocasiones. Haciéndole repetir, probablemente, no consigamos más que una producción que aún no comprendemos y un sentimiento de incapacidad y frustración hacia la comunicación por parte del niño. Sin embargo, para continuar el proceso comunicativo y darle una réplica, precisamos saber qué ha dicho (al menos de una forma aproximada). Podemos lograrlo:
– Solicitando una confirmación, cuando comprendemos lo que podría querer decir. P. ej., el niño dice: “Tato tote nane”, y entendemos lo que podría querer decir, podemos contestarle: “¿Mario tiene un coche grande? Nosotros también, ven, vamos a buscarlo.”
– Pidiendo una repetición, pero solamente parcial. P. ej., el niño dice “Tedo una tateta”, y el adulto replica: “¿Qué quieres una qué?”. Esta opción provoca un menor ajuste en el niño que la opción anterior.

Vilaseca y Viladrich, en investigaciones sobre el tema, encuentran que, en general, son más efectivas las estrategias que conllevan una repetición por parte del adulto de la misma secuencia que produce el niño (pero correcta), o bien producirla de nuevo con modificaciones completas o unas expansiones. La actitud del adulto en estos momentos no es importante solamente porque permite que continúe el diálogo con el niño, sino también porque proporciona al niño modelos correctos a los que acercarse.

Otras estrategias para estimular el desarrollo del lenguaje, en nuestra conversación con el niño, son:

Respuesta falsa: Cuando el niño no contesta a una pregunta, el adulto puede proponerle de forma deliberada una respuesta a todas luces falsa, graciosa absurda, casi siempre con un tono exagerado.

Ejemplo a generalizar: Se trata de una forma de la aplicación pedagógica de la variación estructural descrita por Moerk. P.ej.: Cuando un niño no conoce un término o lo dice erróneamente, podemos ayudarle dándole un modelo que se adapta a su generalización en ese caso concreto. “Si donde venden pan es la panadería, donde venden juguetes es la juguete…”.

Creando motivación y desarrollo

En el desarrollo expresivo, es importante tener en cuenta dos principios:
1. No hacerle repetir, como hemos visto, sus producciones erróneas. Así evitamos que pierda interés por la comunicación y posibilitamos que siga sintiéndose competente y motivado hacia el intercambio lingüístico.
2. Procurarle siempre un modelo correcto que prevalezca, es decir, darle el modelo correcto al que él inconscientemente tenderá, evitando que se consolide su modelo incorrecto.

Estrategias:
Expansiones: Reformulamos el mismo enunciado que acaba de decir el niño, pero corrigiendo o ampliando ligeramente las formas sintácticas que él usó, dándole así un modelo un paso por encima de el que él ha producido.

Extensiones: Igual que en el caso anterior, reformulamos el mismo enunciado del niño, pero con enunciados o palabras añadidos que lo completan.

Incorporaciones: El adulto incorpora a un enunciado más completo (que él elabora) el enunciado inicial del niño, más básico. P. ej., en el caso anterior en que el niño decía “Tato tote nane”, el adulto podría decir “Sí, Mario tiene un coche grande de bomberos precioso, ¿verdad?”

(en construcción)
:

Pautas generales para la estimulación del lenguaje

Aprender cómo actuar

En las primeras etapas del desarrollo del lenguaje, el objetivo central es que los niños disfruten de todo tipo de sonidos, especialmente de las voces ajenas y propia, y que vayan paulatinamente comunicando (oralmente, gestualmente, etc.).
Hay maneras de hablar a los niños que les ayudan a prestar atención a las voces e interesarse por producir:

– Póngase al mismo nivel que su hijo, buscando y ayudándole a mantener el contacto visual.

– Piense en positivo, sonría cuando su hijo le está mirando. Una cara neutra puede parecer aburrida, mientras que una cara muy expresiva suele ser atractiva para ellos.

– Dé importancia a la expresividad y melodía de su voz, y cuide la expresión de su cara. Ambos son “lenguajes” universales, que comunican por sí mismos y promueven el interés de los más pequeños por su transparencia. Cualquier gesto o ayuda para hacer llegar su mensaje a su hijo es muy válida.

– Imite los sonidos que el niño hace. Esto probablemente le hará entrar en una dinámica de repetición e imitación muy beneficiosa. En cualquier caso, el niño sentirá que la vocalización realizada en primer lugar tiene valor para usted.

– Comente lo que su hijo está haciendo o mirando. Ej: Si mira un camión, se puede decir “vaya camión más grande”. De esta manera el niño se da cuenta de que nos interesa lo que hace y dice, y puede ser que responda. Igualmente, le ponemos en contacto con un lenguaje que en ese momento está estrechamente relacionado con su interés y enriquecemos la situación.

– No se preocupe si el niño no entiende todas y cada una de las palabras que oye. Al principio, lo que importa es el conjunto.

Aprovechar las situaciones

– En cualquier aprendizaje, la repetición resulta tener un peso importante. Las actividades cotidianas, que se repiten cada día en la casa y la familia, pueden utilizarse por ello fácilmente para promover aprendizaje y desarrollo. Así, el hecho de hablar al niño constantemente mientras realiza estas actividades (vestirse, bañarse,…) es un recurso muy valioso. Puede que usted se aburra con ello, al menos al principio si no está acostumbrado a hacerlo, pero seguro que su hijo no. Estos hábitos diarios son, para el niño:
• Repetitivos.
• Predecibles.
• Muy cercanos.
Por lo cual son una magnífica forma de usar las mismas palabras, con el mismo tono y en el mismo contexto una y otra vez, y conseguir que su hijo comprenda y valore el lenguaje hablado, interesándose a su vez por comunicar lo cercano.

– También es importante aprovechar los momentos de juego del niño. Piense que cuando un niño juega solo, el lenguaje no juega con él, no es un momento que lo desarrolle. Tenga cuidado con los juegos y juguetes que absorben al niño durante horas sin compañía, especialmente si está callado. El juguete no es, a estas edades, lo que hace al juego especial, sino el hecho de tener a un adulto al lado interesado en jugar con él.