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Dificultades evolutivas

Disfemia evolutiva
Los peques que “se atascan”

Es muy habitual la aparición transitoria en los niños, hacia los 2-3 años, de ciertos bloqueos en la producción verbal (disfemia fisiológica o de desarrollo) totalmente normales. Son los titubeos propios de quien está aprendiendo a hablar, y a veces tiene prisa en comunicar sus ideas.

Es preciso que los padres estén informados sobre esta etapa, para que no se sientan alarmados e intenten evitar su “corrección”, ya que ésta puede empeorar o prolongar la situación, por otro lado pasajera por definición.

El niño de esta edad, por lo general, da a estos titubeos iniciales la importancia que tienen, es decir: ninguna. A no ser que nosotros se la demos y empiece a pensar que hace algo mal. Por ello es importante que el entorno (padres, educadores y demás personas cercanas) hagan que esto no suceda, no le llamen directa ni indirectamente la atención sobre este punto, y dejen que la etapa siga su curso y pase con normalidad.

Para ello:

– No le haremos repetir ni le llamaremos la atención sobre su habla (ni siquiera con mensajes que a nosotros nos puedan parecer positivos, del tipo “habla despacio, que tú lo haces muy bien otras veces”, ya que este mensaje en realidad, para alguien que no es consciente de los titubeos, está dando a entender: “repítelo, porque estás hablando mal”.)

– El adulto no debe angustiarse por la forma en que el niño/a habla, ni estar pendiente de cuántas veces se bloquea o si no lo ha hecho esta vez… los niños son especialistas en percibir la ansiedad y los estados de ánimo.

– Escuche atentamente a su hijo-a, demostrando interés y esperando el tiempo que sea necesario, manteniendo el contacto ocular y con semblante sereno. Después, respóndale demostrando que ha escuchado y le importa lo que dice, y no la forma en que lo dice. Cuide que su actitud corporal y su mirada reflejen paciencia e interés.

– Háblele despacio, con tranquilidad. Esto hará que él, inconscientemente, rebaje sus ansias de hablar y vaya adoptando un modelo más calmado.

– Déjele hablar sin presiones, sin interrumpirle y sin completar por él las frases.

– Procure que todos los adultos cercanos sigan estas sencillas pautas.

No debemos olvidar que es fundamental, sin embargo, acudir a un especialista en lenguaje capaz de valorar los bloqueos del niño y discriminar si se trata o no de una disfemia evolutiva.

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