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Primeros pasos: La intervención prelingüística

septiembre 3, 2009

El primer aspecto que hemos de trabajar e instaurar en niños de tan corta edad es la reciprocidad interactiva, es decir, la instalación de una relación recíproca entre el niño y el adulto. Lo haremos a través de:

1) Propiciar la atención selectiva a estímulos visuales y auditivos y, especialmente, a estímulos de este tipo y de índole social (la voz, la mirada, la sonrisa, el habla, …).

– Actuando con responsabilidad de modo que el bebé asocie los estimulos sociales a estímulos físicos/sensoriales agradables y así responda más selectivamente a los primeros.
– Estableciendo con él contacto cara a cara o contacto ocular. Proveerle estímulos sociales variados (cambios de entonación y actos vocales, sonrisa, tacto, juegos de caricias y masajes, input verbal, canciones, etc.).
– Utilizando mecanismos de control de su atención (movimientos, gestos, vocalizaciones,…) para establecer contacto ocular con él.
– Iniciar estímulos sociales (gestos, vocalizaciones, manipulaciones) similares o inspirados en el repertorio de actividades del niño.

2) Fortalecer las primeras respuestas o conductas de interacción social del niño (sonrisa social, contacto cara a cara o contacto ocular, vocalizaciones, contacto físico, manipulaciones, aproximaciones).

– Prestando atención a la forma en que el bebé expresa sus estados interiores (placer/displacer) y respondiendo dándole intencionalidad y actuando en consecuencia.
– Respondiendo selectivamente y diferencialmente a las conductas sociales del bebé.
– Enriqueciendo las rutinas de la vida diaria de estimulación social.
– Acomodando nuestras conductas (dando intencionalidad) a las conductas del bebé (ej: el niño levanta los brazos o los agita y vocaliza, y el adulto lo coge).
– Aprovechando los momentos de conexión (atención) para poner en marcha los procedimientos gestuales y vocales que posee el adulto para asegurarse la continuación de ese contacto ocular y el mantenimiento de la atención. La interacción puede incluir sonrisa, vocalización, tacto, gesticulación o manipulación de objetos (primeros juegos adulto-niño).
– Moldeando progresivamente la utilización, por parte del niño, de varias conductas o esquemas sociales de forma integrada (tocar y mirar, sonreír y mirar, contactar con la mirada y vocalizar, etc.).
– Propiciando el juego vocal o la alternancia de vocalizaciones por contraimitación (el adulto introduce vocalizaciones en las pausas de silencio del bebé, provocando un inicio del sistema de turnos que usa el lenguaje humano).
– Dando input verbal pertinente a las acividades del bebé, alabando y desarrollando oralmente las conductas del niño.

3) Facilitar la percepción de contingencias y la anticipación: Ayudar al niño a percibir que sus conductas tienen determinados efectos sobre el medio y a anticipar los acontecimientos que forman parte de las rutinas y juegos familiares de su vida.

– Adecuando nuestra actividad a los estados de activación del bebé, ayudándole además a adaptarse a los ritmos de su entorno.
– Proporcionándole un ambiente estable tanto en lo que se refiere a las personas que lo atienden como a las diferentes rutinas de la vida diaria (horario y contexto de los momentos de alimentación, aseo,…). Conviene establecer rutinas fijas y regulares.
– Empleando claves o señales (auditivas, visuales y táctiles, claras y fácilmente discriminables, que le permitan diferenciar una situación de otra (hora de la comida, del baño, etc.) y posteriormente predecirlas (enseñarle el biberón haciendo ruido con él y dándole un mensaje verbal antes de dárselo; dirigir nuestros brazos hacia él y preguntarle si quiere que lo cojamos, esperando su respuesta física o social, por ejemplo).
– Insertando, en nuestras actividades con el niño, distintas rutinas de juego, y utilizando claves diferenciadoras para cada una de ellas.
– Presentando estímulos repetitivos contingentes a las respuestas del niño (especialmente a las respuestas protogestuales (consideramos “protogesto” a las acciones del bebé a las que podemos atribuir el carácter de gesto intencional, y que son la base de éstos).

4) Potenciar la capacidad de actuar con intención: Ayudar al niño a actuar sobre su entorno físico y social para conseguir los resultados deseados.

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